Tras una vuelta al cole más que traumática (demostrado,
cuanto mejor te lo pasas en vacaciones peor es la vuelta), lista mental de
cosas molonas a las que agarrarse cada mañana:
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Que vuelvo al bailoteo y esta vez no lo pienso
dejar aunque las amigas a las que he engañado convencido para que se
vengan a clase huyan como ratas, lo que suele ocurrir en cuanto acaba el
cuatrimestre.
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Que se acabó el erial a la hora de salir, eso de
no tener pueblo definitivamente es una mierda.
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Que vuelven mis jueves british, o sea, de
conversación en taberna irlandesa. Sin duda alguna, molan mil.
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Que vuelve el ataquillo cocineril, porque hasta
el momento era ver la vitro y pensar “bufff, qué calor”, del horno ya ni
hablamos.
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Por la misma razón que lo anterior, vuelta a
intentar recuperar una habitación de mi casa invadida desde época inmemorial
por cajas que traje de casa de mis padres, y que me mira acusadoramente cada
vez que paso por delante.
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Que cada día que pasa falta menos para las
siguientes vacaciones.
Si es que el que no se consuela es porque no quiere.
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